5 casas y un galpón

El pueblo donde nací se llama Dom Pedrito. Es un pueblo pequeño en la frontera de Brasil con Uruguay. Allá viví con mis padres y mis hermanos en una casa grande y llena de sol, hasta que, cuando tenía ocho años, mi madre se enfermó de cáncer, la misma enfermedad que se había llevado a mis abuelos y que, cinco años más tarde, se llevaría a mi padre.

La región donde está la ciudad tiene el mayor número de casos de cáncer, suicidios y enfermedades mentales de Brasil. Es una zona de plantaciones de arroz, y se cree que los agrotóxicos utilizados envenenan el agua de la ciudad.

Después de la muerte de mi padre, mis hermanos y yo tuvimos que vaciar la casa y deshacernos de todo lo que había adentro, pero habían muchas cosas que no tuvimos el coraje de tirar. Las escondimos en cajas en un viejo galpón en la hacienda de mi abuelo.

Esas cajas se quedaron allá, guardadas en la oscuridad durante veinte años, hasta que un viento muy fuerte destruyó el techo del galpón y tuvimos que volver al pueblo para lidiar con ellas. Así como estas cajas se habían quedado escondidas y olvidadas en la oscuridad, intenté yo también olvidarme del dolor que me acompaña desde entonces.

Pero la memoria no se puede domesticar; me di cuenta que estaba olvidando tanto lo bueno como lo malo. En este juego de esconder cosas en la oscuridad, había olvidado demasiado, más de lo que hubiese querido. Ya no me acuerdo de la voz de mi madre, eso lo perdí para siempre.

Volví al pueblo de Dom Pedrito no solo para darle fin a las cajas del galpón, sino también para empezar un largo proceso de recuperar, registrar y recrear las memorias que estaba perdiendo. Visité y fotografié sitios que fueron importantes en mi vida. La antigua escuela y su iglesia, donde la mujeres de mi familia y yo estudiamos. La casa de la "vieja de los gatos", mi querida profesora de francés que me defendía de los bullies. La hacienda de mi abuelo, donde nadie quiere ir por que se dice que está embrujada. El cementerio de la familia, cerrado y olvidado en el campo. La casa de mis padres, hoy vacía después de años siendo un orfanato. Y también el galpón, donde encontré las antiguas fotografías de la familia.

Estas fotografías son la representación visual de memorias que ya no tengo o nunca fueron mías. De un pasado antes de mí y de una infancia de la que muy poco recuerdo. Pero una cosa sí recuerdo. Cuando ya estaba enferma, mi madre me llevó con un fotógrafo profesional para que me tomara un retrato. La imagen estuvo un par de años sobre la chimenea en la sala de la televisión. En esta foto yo no sabía, todavía, lo que pasaría. Los ojos de niño no habían visto aún a la muerte. Tal vez por eso decidí llevar la imagen conmigo y colocar estos ojos de vuelta en el patio de la casa.

Hasta: el 28 de setiembre.
Lugar: Sede Centro de Fotografía de Montevideo (Av. 18 de Julio 885). Tel. 1950.7960.
Horario: lunes a viernes de 10.00 a 19.30 horas. Sábados de 9.30 a 14.30 horas.


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